Después de un mes usando el Roomba i3+ en casa, puedo decir que mi opinión ha cambiado dos veces. La primera semana lo veía como un juguete caro que se atascaba con los cables del cargador. La tercera semana ya lo dejaba programado para que limpiara mientras estaba en la oficina.
Vivo en un piso de tres habitaciones con una perra que suelta pelo durante todo el año. Antes pasaba la aspiradora tres veces por semana y aún así encontraba pelusa en las esquinas. Con el robot, la diferencia más notable no es la limpieza en sí, sino la constancia: pasa todos los días a la misma hora, y eso cambia el nivel de suciedad acumulada.
Lo que me convenció fue la base de autovaciado. No tener que vaciar el depósito cada dos días parece un detalle menor, pero es justo lo que hace que el robot se use de verdad. El depósito de la base dura casi una semana, y cuando se llena, el aviso llega a la aplicación antes de que yo me dé cuenta.
No todo es perfecto. En las alfombras de pelo alto necesita varias pasadas, y a veces se queda atascado con los flecos. También he aprendido a recoger los cables del suelo antes de programar la limpieza, algo que no hacía antes. Pero para el pelo de mascota en superficies duras, que es mi caso principal, cumple bien.
Si estás pensando en comprarlo, ten en cuenta tu tipo de suelo y si tienes paciencia para las primeras semanas de mapeo. El mapa inicial tarda unos ciclos en ser preciso, y al principio el robot hace rutas que parecen aleatorias. Después de un mes, la rutina es estable y la limpieza predecible.