Compré una sartén de cerámica GreenPan hace seis meses, después de leer varias reseñas que destacaban su antiadherencia y su acabado ecológico. No era mi primera sartén de esta marca, pero sí la primera que usaba a diario, así que quería comprobar si realmente aguantaba el ritmo de una cocina familiar.
Lo primero que noté fue que el mango no se calienta, incluso cuando cocino a fuego medio durante bastante tiempo. Eso es un detalle que se agradece, sobre todo cuando tienes prisa y no siempre usas el agarrador. La superficie sigue siendo antiadherente en la mayor parte de la sartén, aunque en el centro, justo donde más se cocina, he notado que los alimentos ya no se deslizan con la misma facilidad que al principio.
También comprobé que hay que ser cuidadoso con los utensilios. Usé una espátula de silicona casi siempre, pero una vez, por error, utilicé unas pinzas metálicas y dejaron una pequeña marca en la superficie. No afecta al cocinado, pero confirma que la capa cerámica es más delicada de lo que parece en las fotos promocionales.
El exterior se ha mantenido limpio, sin decoloraciones, y el lavado a mano es sencillo. Evité el lavavajillas desde el principio, porque las instrucciones lo desaconsejan y no quería arriesgarme. En resumen, es una sartén fiable para cocinar sin grasas, pero no es indestructible. Si la cuidas, cumple; si la maltratas, lo notarás antes de lo esperado.